"Thiaguito,
He escuchado que me llamabas".
El niño gastaba bromas a Tia Ale.
Le llamaba y luego se escondía detrás de un árbol grande, mientras ella recolectaba fresas pequeñisimas y moras que crecían en un claro en el bosque.
"Donde estás, Tiaguix?"
Thiago reía detrás de la higuera. Tenía los ojos brillantes como el agua del río. Se escuchaba de lejos, Tía Ale miraba de un lado al otro sin verlo.
"Thiaguello, ven aquí. Tengo una cosa para ti"
Lo que tenía Tia Ale en las manos era nada, sólo quería darle un abrazisimo enorme.
"Donde se habrá metido este niño", hablaba entre si la Tia Ale.
Thiaguito apareció, con los ojos en forma de luna. "Mi niño, eres el niño más niño del mundo." Cuanto le gustaba inventarse palabras y frases sin sentido.
En el pueblo estaban restaurando el molino. Querían hacer harina de legumbres con garbanzos, judías, lentejas, y también de avena, centeno. De todas las espigas. Tía Ale vivía desde hace poco en el pueblo y todavía no había pasado el tiempo de prueba, pero fue la que propuso en la asamblea arreglar el molino.
Se escuchaban voces de lejos, las obras seguían, y con muchas ganas de ver el molino terminado los dos se pusieron en camino para ir a ver como progresaban los albañiles, que al final eran las mismas caras que se veían en el pueblo, solo cambiaban de "trabajo" cuando se necesitaba.
venerdì 9 marzo 2018
Tía Ale 2
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